viernes, 1 de junio de 2018

"PADRE NUESTRO"

1 junio de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.25


La figura del papá en el hogar es fundamental para los hijos, la cual no se entiende sin la figura de una madre.

¿Cuáles serían las virtudes de un papá?. Muchas de las veces, solo se piensa en un papá, como aquel proveedor de la familia, que acerca el “pan a la mesa”, que da para la “quincena”, es una visión muy reducida de lo que realmente es; además, hay que añadir, como se ha ido desvirtuando esta imagen, en donde muchas veces, vemos su ausencia, hogares sin padre, por las separaciones, porque no se asume con responsabilidad el engendrar un hijo o cuidar de un hogar. 

Más aún, cuando los papás se disputan la custodia, los hijos se ven afectados; y otras muchas situaciones como tener papás alcohólicos, drogadictos, violencia en el hogar, machismo, privando a los hijos de poder ofrecer amor, ternura, cuidado, ejemplo de vida, un abrazo o una caricia, ya no se diga, poder inculcarles el amor a Dios, etc.

Celebrar el día del padre, es una gran oportunidad, no solo para alegrarnos con quienes han recibido este don, sino sobre todo para tomar conciencia de esta gran tarea.

Por eso, en primer lugar, dirijamos nuestra mirada a Dios, quien es nuestro Padre: amoroso, misericordioso, justo, que nos cuida, que nunca nos abandona, que es Padre mío, es Padre Nuestro. La paternidad de Dios se inspira en los rasgos de la maternidad, en este sentido el profeta Isaías presenta esta imagen del amor materno lleno de ternura. y dice así: ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! (49,15). Nos conoce, sabe lo que necesitamos, siempre está con nosotros.

Por supuesto, Dios mismo, quizo para su Hijo, un padre adoptivo, por eso eligió a San José, hombre humilde, justo, sencillo, trabajador, de un gran corazón, responsable, amoroso, de fe firme, buen esposo, tierno, llenó de cuidados a su familia, transmitió todo esto a su niño Jesús. Sin lugar a dudas, a el encomendamos a todos los papás, pues pueden ver en San José, al buen esposo y sobre todo mejor papá.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora
Voz del Párroco




jueves, 10 de mayo de 2018

“FELIZ DÍA DE LAS MADRES”

10 de mayo de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.24


Cada año celebramos con gran entusiasmo el día de la madres. No faltan las grandes ofertas para celebrarlas “comprándoles un regalo”, una plancha, una lavadora y en el mejor de los casos una tablet o un smartphone. Pero ¿es así, como reconocemos no solo a la mujer sino a la madre?

Hemos escuchado la frase “regale afecto, no lo compre”; y tiene mucho de verdad. Pues celebrar a la madre, es reconocer el gran papel que hoy desempeñan en el seno familiar y no solo eso, sino el hecho mismo de ser madre.

La situación en que viven hoy muchas mamás es lamentable. Hay muchas mamás solas que valientemente sacan a adelante a los hijos, no solo brindando sustento, sino educándolos contra toda corriente; se ven lastimadas o discriminadas, por el machismo persistente de nuestra sociedad, donde su labor doméstica es menospreciado, como si no fuera una auténtica labor. Si trabajan, son condicionadas a ganar menos que los hombres, o peor aún, si están embarazadas, no puede fácilmente conseguir trabajo, o si lo tenían, son despedidas.

Ojalá que esta celebración nos ayude a cambiar de actitud y a luchar por mejores condiciones para las mamás. Sin lugar a dudas, son un pilar fundamental en la construcción de la familia, que ya no haya mamás solas. Que se mejoren las políticas a favor de la mujer y de la familia. Que los hombre dejemos a un lado el machismo.

En nuestras madres podemos encontrar el gran valor de la vida, de la fortaleza, de la tenacidad, de la ternura, de la fe y amor a Dios; en ellas, se ve reflejado el rostro amoroso de Dios, quien es padre y madre; por eso Jesucristo quizo dejarnos a su Madre María, como nuestra madre, que nos cobija, nos acompaña, nos da consuelo.

Celebrar a las mamás, es una oportunidad para quienes son esposos, a ser mejores padres, y quienes son hijos, a ser mejores hijos. 

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora
Voz del Párroco



lunes, 30 de abril de 2018

"Dejen que los niños vengan a mi”

30 de abril de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.23


Es de admirar la sensibilidad que tiene muchos padres católicos al acercar a sus hijos a Dios, sobre todo para pedir el Bautismo, o para celebrar la presentación cuando cumplen tres años, y más aún cuando los acercan al catecismo para prepararse para la sagrada comunión.

Pero no podemos quedarnos solo en “acercarlos”; muchas veces pedimos la gracia del bautismo, pero los papás no se preocupan de vivir en la gracia de Dios; o los presentan en el tempo, pero la mayor parte del tiempo viven alejados de Dios, a los llevan al catecismo, como si fuera una guardería, y no existe ningún indicio de educación en la fe en los hogares.

Quiero invitar a los padres católicos a que asuman su responsabilidad de ser los primeros educadores en la fe de sus hijos, como una forma de hacer que los hijos puedan experimentar la ternura amorosa de Dios desde el hogar; hay que hacer de cada uno de nuestros hogares sea el primer ambiente en donde brille la luz de Cristo, y puedan crecer en “estatura, sabiduría y gracia de Dios”, siguiendo la pedagogía de la Sagrada Familia de Nazarteth.

En estatura: no solo en proveer lo necesario para que los hijos tengan lo elemental para crecer de manera saludable, con lo necesario para vestir o el cobijo de un techo.

En Sabiduría: con el testimonio y buen ejemplo de los padres, enseñando las virtudes y ofreciendo lo necesario para formar el carácter y la personalidad de cada uno de los miembros de la familia. Enseñando los principios y valores humanos y cristianos.

En gracia de Dios: propiciando en la familia el encuentro cotidiano con Jesucristo, a través de la oración, de la escucha de su Palabra, de la enseñanza de la fe; participando en los sacramentos, sobre todo en la confesión y la santa Misa; y sobre todo que en la familia se pueda experimentar la presencia cotidiana de Jesús.

No olvidemos que una condición fundamental para entrar al Reino de Dios es ser como los niños, no es una llamado a ser “infantiles”, sino que podamos descubrir y vivir las virtudes de los niños, sobre todo la inocencia y la pureza del corazón.

Que en cada familia brille la luz de Jesucristo, y a todos los niños les deseo un feliz día del niño.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

lunes, 26 de marzo de 2018

“CINCO FORMAS DE VIVIR LA PASCUA”

26 de marzo de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.23


Hemos celebrado la Semana Santa que tiene su culmen en la Resurrección, es el gran acontecimiento de la Pascua; la Iglesia nos invita a vivir 50 días pascuales, ¿cómo vivirlos?, eh aquí cinco formas:
  1. Vivir la alegría pascual, no solo el domingo de resurrección: después de 40 días de preparación a la gran fiesta de la Semana Santa, pareciera ser que llegamos demasiado agotados como para retomar el camino de la Pascua, que serían otros 50 días. Son semanas para vivir la alegría pascual, es el momento de dar testimonio y compartir que Cristo está vivo.
  1. Resucitando y no quedarnos en el sepulcro: Habiendo vivido la Pasión y la muerte de Jesucristo, hay que resucitar con Él; San Pablo nos dice: "si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe", es tiempo de afianzar nuestra fe, vivir como resucitados: es vivir rechazando la mentira, el pecado, la corrupción, todo aquello que provoque la muerte.
  1. Dejarnos acompañar por Jesús, quien nos instruye con su Palabra Es un tiempo de profundizar en las Sagradas Escrituras, en el Catecismo de la Iglesia Católica y en las enseñanzas de la Iglesia. No podemos quedarnos ignorantes de nuestra fe. Que importante es la tarea de los padres y padrinos en la educación de la fe. Que como los peregrinos de Emaús, podamos experimentar el gozo de la compañía de Jesús, que los hiba instruyendo, al punto de decir, "quédate con nosotros Señor”
  1. Vivir la Eucaristía, pues como los discípulos de Emaús, ahí reconocemos la presencia de Jesús resucitado: al momento de que bendijo y partió el pan, lo reconocieron, por eso "ardía su corazón". Que en cada misa "arda nuestro corazón", pues celebramos la pascuade Jesús; que nuestra participación se cada vez más viva y consciente.
  1. Dando testimonio: los peregrinos de Emaús, al reconocer a Jesús en la fracción del pan, inmediatamente volvieron a Jerusalén, para comunicar la alegría de que Jesús estaba vivo. Así nosotros, que sea un continuo comunicar que Cristo esta vivo, que está presente en cada momento de nuestras vidas, que no podemos sacarlo o ser indiferentes. Urge católicos que comuniquen la presencia viva de Jesús, a través de un buen testimonio, alegre y solidario, con el más necesitado, con quien se siente solo y abandonado, con el enfermo, con quien no conoce el amor de Dios.
“Cristo ha resucitado: verdaderamente ha resucitado Felices pascuas de resurrección”

Pbro. Saúl Ragoitia Vega
Praeses Nacional 

Obra Kolping México

sábado, 3 de marzo de 2018

“5 formas para vivir la Semana Santa”

3 de marzo de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.22

  1. Es Semana Santa, no semana de vacaciones.
Recordemos que la Semana Santa, es la mas Santa de las semanas, lamentablemente muchos cristianos la consideran solo semana de vacaciones.
Ya es ventaja, que pueda haber vacaciones en este tiempo, puede ser una buena razón, para poder aprovecharlo, sobre todo en familia; y aún cuando sean vacaciones prever y dar el tiempo para vivir la celebración más importante, por eso también se le llama semana mayor.
  1. Prepararme y que no nos tome desprevenidos.
En este sentido, para eso es la cuaresma, tiempo de preparación; tenemos 40 días en los que podemos, a través de lo que nos propone la Iglesia, disponer el corazón a una mejor vivencia de los días santos; que no sea una Semana Santa más, la oración, el ayuno, la solidaridad, los ejercicios cuaresmales, la vivencia de las obras de misericordia, la confesión, son modos en que podemos prepararnos; y más inmediatamente, en los días santos, profundizar en el conocimiento no solo de la liturgia, sino sobre todo del sentido pascual.
  1. Dar importancia a cada celebración, no quedarme solo en los signos.
No podemos quedarnos solo en los signos, por ejemplo, el Domingo de Ramos, solo con los ramos, sino en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y el inicio de la Pasión de Jesús, el Jueves Santo, no solo con los panes benditos, o la visita a las siete casas, sino en la celebración del mandamiento del amor, la institución del sacerdocio y de la Eucaristía, el Viernes Santo, no solo la procesión del silencio, sino la adoración de la Santa Cruz; y la Vigilia Pascual, no solo llevar agua para bendecir o el cirio, sino la renovación de nuestro bautismo, y sobre todo la Resurrección de Jesús.
  1. Participar devota, activa y dignamente, no ser mero espectador.
No podemos llegar a la Semana Santa como meros espectadores, como si fuésemos a meras representaciones de sucesos conmovedores de la Pasión de Jesús; como sucede en las representaciones del Viacrucis, o la procesión del silencio, o en la visita a las 7 casas, como si fuese un recorrido turístico, más lamentable, en las celebraciones litúrgicas, como el lavatorio de pies; es muy triste, que seamos solo espectadores, muchas veces curiosos o peor aún insensibles ante la pasión y muerte de Jesús. No podemos desaprovechar toda la riqueza de la Semana Santa para que espiritualmente nos acerquemos a vivir cada momento, con profundo respeto, gran devoción, digna participación, y sobre todo, con un corazón contrito y un espiritu agradecido por todo el amor que Dios nos tiene al entregarnos a su Hijo, hasta la muerte, para darnos vida.
  1. Resucitar con el Señor Jesús, y no quedarnos solo en la muerte.
La Semana Santa es celebrar la pasión, muerte y resurrección del Señor, recordemos las palabras de San Pablo, si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. Muchos cristianos no resucitan con el Señor, pues no hay conversión, no hay vivencia, y muchos menos renovación y compromiso; nos olvidamos que la pascua no termina con el domingo de resurrección, sino que son 50 día pascuales, hasta pentecostés, para festejar el misterio de nuestra salvación, y más aún, cada misa, sobre todo el Domingo, Día del Señor, “anunciamos su muerte, proclamamos su resurrección” e imploramos con esperanza “ven Señor Jesús”.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora


jueves, 1 de marzo de 2018

“La cuaresma y la restauración del orden social”

1 de marzo de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.22


Jonás es enviado por el Señor a la gran ciudad de Nínive, para anunciar su destrucción sino se arrepentían, les invita a la penitencia, a cubrirse de sayal, de ceniza, a ayunar 40 días; la gente creyó en la advertencia, al igual que su rey, quien se comprometió dando un edicto a toda la nación para corregirse de su mala conducta y sus malas obras.  Vemos la experiencia de este pueblo que junto con sus autoridades escuchan la voz de Dios y deciden iniciar un reordenamiento no solo personal sino sobre todo social.

Sin lugar a dudas, las prácticas cuaresmales son un  cambio no solo personal, sino ante todo social, pues implican no solo una serie normas, sino de un auténtico cambio de vida. Si cayéramos solo en una especie de costumbre, de tomar ceniza solo por tradición, al igual que ayunar o abstenerse, serían prácticas vacías y sobre todo hipócritas, tal como lo advierte Jesús a la gente: que su ayuno, oración y limosna no sea como la de los hipócritas, que solo lo hacen para que los vean y quedar bien.

Ahora bien, si recordamos las palabras del profeta Isaías cuando habla sobre el ayuno que realmente agrada al Señor, no es el de ayunar o abstenerse simplemente de un alimento, sino sobre todo es el de “compartir” el pan con el que no lo tiene, en otras palabras, el ayunar , orar, el dar limosna, el recibir la ceniza, nos tiene que llevar a trabajar por una restauración del orden social, donde los ciudadanos, las autoridades y sobre todo los cristianos busquemos erradicar la corrupción, la pobreza, la desigualdad, la injusticia, la violencia. Pero es necesario volver a Dios, no porque vaya a destruirnos, sino porque con Él, no nos destruiremos entre nosotros mismos. 

No podemos caer ya en más hipocresías, pretendiendo cubrirnos de cenizas (pero de los restos quemados de la sociedad), de supuestos deseos de cambio social, con falsas promesas y aparentes buenas intenciones, cuando en realidad subyacen intereses particulares de orden económico y de búsqueda poder. La cuaresma que sea una oportunidad para la restauración del orden social.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

jueves, 1 de febrero de 2018

"Cinco formas de vivir la Cuaresma"

1 de febrero de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.21


Queridas familias, ya estamos próximos a celebrar el tiempo de la Cuaresma, que como bien sabemos comienza con el miércoles de ceniza, como preparación para la Pascua; es un tiempo de gracia, en el que tenemos la oportunidad de crecer espiritualmente. Las prácticas cuaresmales, como el ayuno, la oracion y la práctica de la solidaridad a través de la limosna, nos ayudan a una mejor vivencia de nuestra vida cristiana.
Les invito sobre todo, a aprovechar este tiempo, que no sea una Cuaresma más. El signo de la ceniza, como sacramental, nos abre el camino a la vivencia de este gran misterio cuaresmal, ya que dispone el espiritu a la reconciliación, a volver el rostro a Dios, sobre todo si lo hemos olvidado, o puesto en segundo lugar, por las preocupaciones de esta vida, es lo que se llama "matonoia", o conversión.
Quiero proponerles cinco formas de vivir este tiempo en familia:
1º Reconciliarnos: es tiempo del perdón, de pedirlo y darlo, de buscar estar en paz con quien hemos tenido alguna dificultad, con quien estamos resentidos o guardamos rencor, enmendar las faltas y ofensas a nuestro prójimo, pero ante todo confesarnos, buscar el sacramento de la reconciliación para encontrarnos con el amor misericordioso de Dios.
2º Crecer espiritualmente: a través de la oración cotidiana, sobre todo personal y en familia, participando en la Santa Misa, aprovechar los ejercicios cuaresmales.
3º Conociendo más nuestra fe: a través de la lectura asidua de la Biblia, Palabra de Dios, estudiando el carecimo de la Iglesia Católica, conocer más acerca de este tiempo de Cuaresma a través de los diversos recursos que nos ofrece el Papa, o e nuestra parroquia. Es importante dedicar tiempo para el estudio y la reflexión cotidiana.
4º Sacrificándonos: en esta cultura del bienestar, parece ser que el sacrificio no cabe, pero por el contrario, quien vive este valor, comprende mejor la belleza de la vida, como se dice: "lo que no cuesta no vale". Por eso vivir el ayuno y la abstinencia, nos cultivan en el sacrificio, es una manera de fortalecer la voluntad y dominar nuestros apetitos; es una forma de gobernarnos ante los impulsos y las tentaciones.
5º Solidarizándonos: este valor, es un fruto tangible de quién vive con integridad este tiempo, puesto que la solidaridad, sobre todo con el más necesitado, es la expresión de quién vive la fe y la pone en práctica. Vivamos sobre todo las obras de misericordia, ojalá que cada uno de los 40 días cuaresmales, sea una oportunidad para vivir la caridad, que no pase día en que no hagamos una obra buena, desde visitar a un enfermo, de compartir desde nuestra propia pobreza, de no desperdiciar, de ser buenos vecinos, de preocuparnos por nuestra comunidad, etc.
A todos les deseo una Santa Cuaresma.
Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

lunes, 1 de enero de 2018

“La Divina Providencia, nos asista a cada instante y momento”

1 de enero de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.20


Demos gracias a Dios por el año nuevo que comienza; damos inicio poniéndonos en las manos de Santa María y orando por la Paz (1º de enero), además muchos católicos tienes la tradición de acudir a la Iglesia para bendecir las “12 velas de la Divina Providencia”.

Tener confianza en la Divina providencia, es confiar en Dios como nuestro Padre, misericordioso, y creador, como nuestro Dueño que siempre está atento a todas nuestras necesidades, y saber que todo está en sus manos.

Ya en el Evangelio de San Mateo, Jesucristo nos explica esta confianza: “No anden tan preocupados, ni digan: ¿tenemos alimento?¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por eso, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso” (Mt. 6,31-32)

Al encender la luz de las velas, es reconocer esta providencia divina; es dejar que su luz ilumine nuestra existencia y seamos capaces de hacer la voluntad de Dios, que quiere “que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim. 2,3-4).

Y esta confianza nos lleva a responder a la invitación “Por tanto, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura” (Mt. 6,33).

Muchas veces se está tan preocupado por las cosas materiales, que nos olvidamos de lo verdaderamente importante, de lo que realmente trasciende, por ejemplo, se está tan preocupado por construir casa, que se olvida construir un verdadero hogar.

Confiar en la Providencia, es poner al centro a Dios mismo, de quien recibimos todo lo necesario para nuestra salvación; todo lo demás, son medios, que mucho ayudan, siempre y cuando, no los convirtamos en fines (como el dinero, los bienes materiales, el sustento diario).  El verdadero sentido lo encontramos en la siguiente oración a la Divina Providencia:

Dios y Señor Nuestro, Padre, Hijo y Espíritu Santo, 
cuya Providencia no se equivoca en todo lo que dispone, 
y nada acontece que no lo ordene, 
rendidamente te pedimos y suplicamos 
que apartes de nosotros todo lo que nos pueda separar de Ti, 
y nos concedas todo lo que nos conviene.

Haz que en toda nuestra vida 
busquemos primeramente Tu Reino 
y que seamos justos en todo; 
que no nos falte el trabajo, 
el techo bajo el cual nos cobijamos, 
ni el pan de cada día. 
Líbranos de las enfermedades y de la miseria; 
que ningún mal nos domine.

Sálvanos del pecado, 
el mayor de todos los males, 
y que siempre estemos preparados santamente a la muerte. 
Por Tu Misericordia, Señor y Dios Nuestro, 
haz que vivamos siempre en Tu Gracia.

Así seremos dignos de adorar 
Tu amable Providencia en la eterna bienaventuranza. Amén.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

viernes, 1 de diciembre de 2017

“Aquí no es mesón, sigan adelante”

1 de diciembre de 2017, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.19


Así versa el canto de la posada, y no es más que la expresión del egoísmo que la humanidad vive; la indiferencia ante el necesitado, la falta de generosidad ante quien estira la mano para pedir una moneda para comer; cada vez nos encerramos en nosotros mismos y lamentablemente hacemos nuestro aquella expresión: “que cada quien se rasque con sus propias uñas”

Queridas familias, al estar próximos a celebrar la Navidad, tenemos que salir de este egoísmo, tenemos que prepararnos espiritualmente a través del Adviento; que éste sea un tiempo privilegiado para “adornarnos”, no sólo exteriormente con esferas, arbolitos, motivos navideños, piñatas, posadas, sino sobre todo adornar nuestro interior.

Recordar como las Sagrada Familia al llegar a Belén, pidió posada, y nadie le dio, como cantamos “aquí no es mesón, sigan adelante”; es un llamado a que en cada una de nuestras familias y sobre todo en nuestro corazón, podamos dar “posada” a Jesús.

Hoy muchas familias andan “pidiendo posada”, pues viven en la pobreza, más aún, en la miseria; otras tantas como migrantes, sin trabajo, sin oportunidades de desarrollo y crecimiento, sin posibilidades de atención a su salud, si nada que comer.

Que este tiempo de Adviento, podamos abrir nuestro corazón, saliendo de nuestro egoísmo, compartiendo con el que menos tiene, de nuestra misma pobreza, ya el Papa Francisco nos ha recordado, que hay que “amar al hermano no de palabra, sino de obras”.

Las obras de misericordia tienen que hacerse presentes, no de manera esporádica, sino de manera permanente, como un estilo de vida cristiano. “quien las hiciere con el más insignificante de estos hermanos, lo hace con Jesús mismo”.

Que todas las acciones, de este tiempo particular de adviento, sean una expresión de nuestra caridad cristiana. La Iglesia nos ofrece la oportunidad de solidarizarnos con el más necesitado, a través de sus celebraciones litúrgicas y tradiciones navideñas. Que los árboles de navidad, las piñatas, las posadas, la colocación del nacimiento en nuestros hogares, sean una oportunidad para vivir la caridad, y podamos dar hospedaje, de manera sensible y eficaz, a quien necesite, y podamos compartir lo que somos, sabemos y tenemos.

Que el niño Jesús nazca en el corazón de cada uno de nosotros y de sus familias. Feliz Navidad.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

martes, 28 de noviembre de 2017

“LAS POSADAS”

28 de noviembre de 2017

Boletín Parroquial Missio, n.19


Las posadas son fiestas que tienen como fin, preparar la Navidad. Comienzan el día 16 de diciembre y terminan el día 24 de diciembre.

       Lo más importante de la Posada no es sólo su aspecto exterior, sino su significado interior. Se debe conocer por qué y para qué se llevan a cabo las tradiciones y costumbres para así poder vivirlas mejor.

       Los misioneros convocaban al pueblo al atrio de las iglesias y conventos y ahí rezaban una novena, que se iniciaba con el rezo del Santo Rosario, acompañada de cantos y representaciones basadas en el Evangelio, como recordatorio de la espera del Niño y del peregrinar de José y María de Nazaret a Belén para empadronarse. Las posadas se llevaban a cabo los nueve días previos a la Navidad, simbolizando los nueve meses de espera de María. Al terminar, los monjes repartían a los asistentes fruta y dulces como signo de las gracias que recibían aquellos que aceptaban la doctrina de Jesús, los aguinaldos.

        Las posadas, con el tiempo, se comenzaron a llevar a cabo en barrios y en casas, pasando a la vida familiar. Estas comienzan con el rezo del Rosario y el canto de las letanías. Durante el canto, los asistentes forman dos filas que terminan con 2 niños que llevan unas imágenes de la Santísima Virgen y de San José: los peregrinos que iban a Belén. Al terminar las letanías se dividen en dos grupos: uno entra a la casa y otro pide posada imitando a San José y la Santísima Virgen cuando llegaron a Belén. Los peregrinos reciben acogida por parte del grupo que se encuentra en el interior. Luego sigue la fiesta con el canto de villancicos y se termina rompiendo las piñatas y distribuyendo los "aguinaldos".

        Las posadas son un medio para preparar con alegría y oración nuestro corazón para la venida de Jesucristo, y para recordar y vivir los momentos que pasaron José y María antes del Nacimiento de Jesús. Debemos vivir las tradiciones y costumbres navideñas con el significado interior y no sólo el exterior para preparar nuestro corazón para el nacimiento de Jesús.

       Algunas personas te podrán decir que estas costumbres y tradiciones las ha inventado la gente para divertirse y los comercios para vender. Recuerda que hay mucho significado detrás de cada una y trata de vivir estas tradiciones con el sentido profundo que tienen. Así, el 24 de diciembre no solo será un festejo más, sino que habrás preparado tu corazón con un verdadero amor a Dios y a tu prójimo.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco 
Parroquia de la Divina Pastoral

Boletín “Missio”

domingo, 26 de noviembre de 2017

¡Viva Cristo Rey!

26 de noviembre de 2017, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.18


El tiempo litúrgico culmina con la fiesta de Cristo Rey, y es precisamente eso “el culmen”, tal como lo expresamos con gran fe cuando cantamos “Que viva mi Cristo, que viva mi Rey, que impere doquiera, triunfante su ley”, es decir, que lo aceptamos totalmente en nuestra vida, por eso oramos en el Padre Nuestro “hágase Tú voluntad”, y no “mi voluntad”. 

Jesucristo vino a establecer su Reino, y nos ha llamado a ser parte y no solo eso, sino que de manera activa, somos invitados a participar construyendo y extendiendo su reinado a todas partes, tal como se expresa en la plegaria eucarística Vb del Misal Romano (Edición 1991) “Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz”.
Esta es precisamente nuestra tarea, de ir construyendo su Reino, que ya está presente, y haciendo posible el poder vivir el “cielo desde suelo”, pues por el bautismo, al ser ungidos, somos constituidos reyes, no “para ser servidos, sino para servir”, por eso oramos: “danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido

El Reino de Dios, ya está aquí, con Jesucristo, somos parte de el, y llamados a construir, pero para entrar al Reino, se requiere ser como “niños”, no es un llamado a ser infantiles, sino ante todo es recuperar la pureza y la inocencia. Pureza de intención, en nuestras palabras, pensamientos, en la forma en que miramos; e inocencia, muchas veces mal entendida, como si quien es inocente fuera tonto, y no es así, quien vive la inocencia saca de su vida toda malicia; quien nos la quita es el pecado, que nos lleva a no hacer  la voluntad de Dios, sino lo que se nos pegue la gana, haciendo a un lado el reinado de Dios, y lo que impera, será entonces la “mentira, el odio, el libertinaje, la injusticia y la guerra”.


No podemos permitir que impere el mal, es el momento de proclamar a Cristo como nuestro Rey, recordemos que el mal que sufrimos no es por la maldad del malvado, sino por la apatía del bueno, esto lo entendieron bien nuestros mártires mexicanos, quienes dieron su vida por su fe, por su Iglesia, por el Reino, es el momento de levantarnos y trabajar por el reino y a una voz gritar: ¡Viva Cristo Rey!

martes, 24 de octubre de 2017

"¿LA MUERTE ES SANTA?"

Razones por las cuales no se debe dar culto a la llamada “santa muerte”.

1. Quien no conoce a Dios ante cualquier piedra se arrodilla.

Es lamentable que aun entre muchos católicos, que al no conocer a Dios, fácilmente se dejen seducir por visiones equivocadas que aparentemente pueden resolverles la vida, darles salud, darles buenas vibras, o resolver una crisis económica. No conocer a Dios, lleva fácilmente a la idolatría.

2. Hay crisis de fe.

En el fondo de esta devoción, no es solo por la fragilidad humana y por las necesidades materiales, es ante todo por una crisis de fe. Al no haber una auténtica evangelización y catequesis sobre nuestra fe católica, y más aún, por heridas o desilusiones sufridas por anti testimonio de muchos católicos, se vive esta crisis.

3. Es un engaño.

Es una invención de quien se quiere aprovechar da la ignorancia y sobre todo de la necesidad de las personas; es un abuso ante la debilidad, el dolor, el sufrimiento, la fragilidad humana. Y de manera astuta recurren a elementos que son significativos y tienen un valor religioso y cultural y los mezclan provocando confusión entre la verdad y el engaño. Por ejemplo, utilizar los elementos católicos, como auto nombrarse “sacerdotes” quienes dirigen este engaño, vestir a la que llaman muerte, como a la virgen, utilizar elementos como el agua, aceite, veladoras, ofrendas de manera arbitraria y supersticiosa, así como de ritos y liturgias que habilitan a su conveniencia manipulando, confundiendo y engañando. 

4. Es una secta.

El “obispo” que dirige esta secta no esta ordenado sacerdote. No es una Iglesia. Muchos católicos que adoran a la “muerte”, se han separado de la Iglesia Catolica.

5. La muerte, no es una persona o un ser, o una deidad. 

Se ha pretendido dar a la muerte la categoría de un ser, se le personifica y reviste con formas calavéricas, como si fuese una deidad. La muerte es una realidad constitutiva de la condición humana y que marca el fin de la existencia en este mundo. Como cristianos se convierte en una pascua, es decir, en un paso inevitable que hay que dar para resucitar y llegar al cielo.

6. La muerte fue vencida y acabada.

Cristo al morir en la cruz, venció la muerte con su resurrección; quien cree en Jesus aunque muera vivirá, es lo que profesamos en nuestra fe. Por tanto la llamada “santa muerte”, ya está vencida y acabada. La muerte entró por el pecado, y solo será vencida por la gracia de Dios, expresada en el misterio de la Cruz, pasión y resurrección.

7. No es “santa”.

Es fácil confundirnos, cuando se habla de “santa muerte”, “muerte santa” y que podamos tener una “buena muerte”; hemos dicho que la muerte fue vencida por Jesus con su propia muerte y resurrección, dar categoría de santidad, es obvio que no aplica, resultaría contradictorio, cómo santificar algo que se ha venido a destruir. Volvemos a la misión de Jesus, vino no a santificar la muerte, sino a vencerla, a destruirla, para darnos vida, y vida eterna. La confusión radica, cuando hablamos de una “muerte santa”, que no es lo mismo que “santa muerte”. Ciertamente lo que pedimos al Señor que cuando el nos llame, y tengamos que morir, pueda ser en paz, en serenidad, en estado de gracia, como decimos ¡que nos agarre confesados!, 

8. Es una superstición.

El culto a la “santa muerte”, se a convertido en una superstición, pues se le han atribuido acciones mágicas, siempre y cuando se pueda retribuir con “mandas” y pagos, que te solicita la “muerte”, llegando incluso a condicionar el favor o peor aún, que pueda sufrir el enojo o castigo.

9. Se invocan las fuerzas del mal.

Dar culto a la “santa muerte”, es invocar las fuerzas del mal, es por eso, que incluso no solo se piden a la “muerte” favores aparentemente buenos, hay quienes piden el mal, solicitan favores con intereses malvados. Basta ver quienes son muchos de sus “fieles”. Es adentrarse en el camino del mal, y de esto se vale el demonio; se provoca un daño en el alma, se lastima la conciencia, se afecta la voluntad, provoca la muerte interior.

10. Conmemoración de los Fieles Difuntos

Los católicos celebramos la conmemoración de los fieles difuntos, es decir, ofrecemos oraciones por su eterno descanso y pedimos para ellos que Dios tenga misericordia de sus pecados y les sean perdonados para que puedan gozar de la vida eterna, a esta oración se le llaman sufragios, el mejor es ofrecer la Santa Misa.
Colocar el altar de muertos, es para recordarlos, siguiendo una larga tradición, pero nunca en sentido de dar culto a la muerte.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Parroquia de la Divina Pastora
Párroco.

Fascículo “Conocer para creer”

24 de octubre de 2017