sábado, 8 de septiembre de 2018

“No tengan miedo, abran las puertas a Cristo”.

8 de septiembre de 2018, San Francisquito, Qro.

Boletín Parroquial Missio, n.28


Este es el lema de nuestra Fiesta Patronal, queriendo centrar nuestra mirada en los adolescentes y jóvenes, a quienes hacemos esta invitación, a “abrir cada vez más las puertas de su vida a Jesucristo”.


Ya el Papa San Juan Pablo II, hacía esta invitación sobre todo a no “tener miedo”; y el Papa Francisco haciendo eco a este llamado, lo viene a hacer con más insistencia; pero ¿por qué tanta insistencia a los jóvenes a no tener miedo, a “abrir las puertas a Jesucristo”?

En muchos encuentros con los jóvenes el papa Francisco ha sido muy claro, y con su genialidad característica, y su sencillez, ha llegado al corazón de muchos ellos, a través de frases muy directas y provocativas, es decir, que nos hacen reflexionar y han motivado a muchos a replantearse su fe y poder darse la oportunidad de aceptar a Jesús en sus vidas, e incluso a seguirlo.

He aquí algunas de las frases, que te invito a ti, adolescente y joven a que reflexiones, puedan serte de utilidad para precisamente darte la oportunidad de hacer de Cristo, parte de tu existencia.
  1. “Me da tristeza ver un joven jubilado”, es que la juventud es un tiempo de grandes ideales.
  1. “Felices los que saben ponerse en el lugar del otro”. Los que tienen la capacidad de abrazar y perdonar.
  1. “Son muy valiosos para andar por la vida como anestesiados”. Es penoso tanta juventud desperdiciada; toda esa fuerza, creatividad, imaginación, solidaridad tiene que despertar, por eso que importante es ofrecer espacios en donde los adolescentes y jóvenes puedan despertar y ofrecer todo ese potencias propio de ellos, para crecimiento propio y bien de los que los rodean.
  1. “Queremos jóvenes con esperanza y con fortaleza, no cansados”. No queremos jóvenes debiluchos, jóvenes que están “ahí no más", no queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos, ¿por qué? Porque conocen a Jesús, porque conocen a Dios, porque tienen un corazón libre
  1. “Sean amigos de Jesús”. Este es uno de los secretos más grandes del cristiano, el ser amigos de Jesús. La amistad es de los regalos más grandes que un joven puede tener y puede ofrecer. Qué difícil es vivir sin amigos. De las cosas más hermosas que Jesús dice: «Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15,5). 
  1. “Busquen charlar con sus mayores, pierdan el tiempo en escuchar todo lo bueno que tienen que enseñarles”. Busquen charlar, aprovechen a escuchar la vida, las historias, los cuentos de sus mayores y de sus abuelos, que hay sabiduría allí.
  1. “Hagan lío y organícenlo bien. Un lío que nazca de haber conocido a Jesús”. Un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos dé solidaridad, un lío que nos dé esperanza, un lío que nazca de haber conocido a Jesús y de saber que Dios, a quien conocí, es mi fortaleza
  1. “Jesús, enséñanos a soñar, a soñar cosas grandes, cosas que engrandecen el corazón.”
  1. “No tengan miedo, abran las puertas a Cristo”. Cuando abrimos las puertas de nuestro corazón a Cristo los temores, las dudas y la inseguridad desaparecen.
Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora





sábado, 1 de septiembre de 2018

"El que tenga oídos para oír que oiga"

1 de septiembre de 2018, San Francisquito, Qro

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.28

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Oír o escuchar no es lo mismo; en cierto sentido estricto de la palabra misma, se dice que oír hace referencia al sentido del oído y escuchar, no solo supone el oír, sino que además supone un acto de mayor atención y reflexión. 

En muchas ocaciones hemos escuchado la expresión “cuántas veces quieres que te lo repita?, parece que te entra por un oído y te sale por otro”. Con todo el ruido que hay a nuestro al rededor y el ruido interior, nos vuelve cada vez más irreflexivos y nos cuesta realmente escuchar.

¿Cómo saber escuchar la voz de Dios?¿cómo atender a su Palabra? Muchos católicos no sabemos escuchar su Palabra, es más, pocos tienen su Biblia y los que la tienen no la abren, menos la estudian. 

He aquí el gran reto, como tener oídos para oír la Palabra de Dios, les ofrezco tres sugerencias:
  1. Es importante ejercitarnos en el silencio. En el transcurso del día tenemos que darnos un tiempo para silenciar nuestro en torno y nuestro interior. Dejar de ver televisión, hacer a un lado el celular, apagar la música. Por decir, darse 30 minutos para recogerse y hacer un recuento del día, o planearlo, analizar las diversas realidades y tratar de preguntar ¿qué me dice Dios?
  1. Abrir la Sagrada Escritura. No buscar páginas al azar, sin que de manera continuada hacer una lectura meditada, aprender a hacer una lectura orante de la Palabra de Dios, lo que conocemos como Lectio Divina; algunos se ayudan con el misal, siguiendo las lecturas del día para la Santa Misa.
  1. Reunirse en familia. Aplicando las dos sugerencia anteriores, es vital, que la familia a prenda a escucharse, reuniéndose para platicar entre esposos con los hijos; es conveniente poder destinar un pequeño espacio en el hogar para tener un santuario en donde esté la Palabra de Dios siempre presente y que la familia la escuche y la medite, y deje que Dios mismo ilumine y de respuestas a las diversas realidades que vive la familia.
Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora
Voz del Párroco

miércoles, 1 de agosto de 2018

“El sentido de las fiestas patronales”

1 de agosto de 2018, San Francisquito, Qro.

Boletín Parroquial Missio, n.27


Dentro de nuestra vida religiosa, como católicos, encontramos muchas expresiones en donde se ve reflejada nuestra fe y nuestro amor por las “cosas de Dios”, entre ellas, sin lugar a dudas está la Celebración de la Santa Misa, que es fuente de donde nutrimos nuestra fe y culmen a donde llega toda la vida cristiana, junto con las celebraciones del año litúrgico, además hay que subrayar, otras grandes fiestas, como la fiesta patronal en honor a la Virgen María en su advocación de la “Divina Pastora”, así como la fiesta de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, la Virgen de Guadalupe, y la fiesta de San Judas Tadeo.

Al respecto ofrezco esta reflexión acerca del sentido de las fiestas patronales, iluminados por la “Guía pastoral para la digna y provechosa celebración de las fiestas patronales”, titulado “Celebremos la fiesta”, de D. Mario de Gasperin, obispo emérito de Querétaro.

1. En primer lugar, ¿qué son las fiestas patronales?: “son un acontecimiento que marcan en lo hondo y por mucho tiempo la vida religiosa de una parroquia, de una comunidad católica y de cada uno de los participantes” (cfr. 1) 

Por eso, como párroco, primer responsable, junto con quienes colaboran en la preparación, es para mi de gran interés el de preparar, celebrar y recoger los frutos y consecuencias de estas celebraciones. Es una oportunidad de hacer de las fiestas un gran acontecimiento evangelizador. 

2. ¿Qué entendemos por hacer de las fiestas un acontecimiento evangelizador? 

Es celebrar dignamente los misterios de la vida de Jesús, para que sea conocido, amado y celebrado con todo su esplendor para honrarlo. Además, queremos a travez de estas celebraciones dar respuestas, desde la fe, a las grandes interrogantes de la existencia. “Esta es parte de la sabiduría cristiana que recibe gracias a su fe , y que lo hace descubrir y experimentar la presencia salvadora de Dios, mediante la Santa Iglesia, la Virgen María y sus Santos” (cfr. 3)

Por tanto, toda fiesta patronal tiene sentido en cuanto que:
  1. Celebra el misterio de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
  2. Se le de primacía a las celebraciones litúrgicas.
  3. Se valore la riqueza de la piedad popular, siempre cultivada y purificada al punto que exprese la madurez y autenticidad de la fe de la Iglesia.
  4. Se valore como una oportunidad para evangelizar y vivir la liturgia.
  5. Se de un impulso desde la fe para:
    • Reforzar la convivencia fraterna
    • Incrementar la solidaridad,
    • Y lograr condiciones de vida más humanas y mas cristianas. (cfr. 5)
Teniendo presente todo esto, entonces podremos celebrar dignamente nuestras fiestas patronales con todas su expresiones.

3. ¿Cuáles son la grandes expresiones de nuestras fiestas y que se convierten en un acontecimiento evangelizador?

El novenario, la exposición solemne del Santísimo Sacramento (40 horas), las procesiones, Santo Rosario, las imágenes, la semana cultural, el gallo, la danza, la música, los fuegos pirotécnicos, las kermeses, etc., todas estas son expresión que ponen de manifiesto una comunidad en fiesta, y que a través de ellas puede expresar su participación activa y digna desde la fe. Por eso, hay que cuidar que cada una de ellas sean expresión de nuestro amor a Dios, a nuestra Iglesia, a cada uno de los miembros de la comunidad. 

Si no tenemos presente el verdadero sentido de la fiesta, tal como lo hemos descrito, solo será una simple tradición sin contenido y vacía. Somos un pueblo en fiesta, y nuestras fiestas patronales, nos tienen que ayudar a ser mejores personas y mejores cristianos, todo tiene que apuntar a crecer e nuestra fe, ciertamente, pero sobre todo a fortalecer la vida de la comunidad de manera solidaria, eliminando el egoísmo, el individualismo. Es una oportunidad de vivir la alegría de ser hijos de Dios. 

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora


“María: Vamos siguiendo su pasos”

1 de agosto de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.27


Queridas familias, al tener como patrona a la Santísima Virgen María en su ad-vocación de la Divina Pastora, es decir, como Madre de Jesucristo Buen Pastor, nos recuerda en primer lugar el gran amor que le tenemos como Madre de Dios y Madre nuestra; amor que se traduce en agradecimiento a Jesús, ya que estando en la Cruz, quizo dejárnosla como madre, al encomendarla al apóstol Juan diciéndole “he ahí a tu madre”.

Nuestra devoción es tan profunda, que como comunidad podemos identificarnos, sumamente marianos; pero ¿qué conlleva esta realidad?.
  1. La presencia de Santa María, es fundamental en la vida del Cristiano, pues es el modelo de amor hacia su Hijo, ella nos enseña, a amarlo y a seguirlo. Ser mariano es seguir a Jesús de la mano de María.
  1. Nos enseña a escucharlo y a cumplir la voluntad de Dios, tal como lo expresa “he aquí la esclava del Señor, hágase en mi su Palabra”; así también, ser mariano, es aprender a ser humildes para escuchar la Palabra de Dios y sobre todo ponerla en práctica.
  1. María es la mujer del silencio, y no porque no tenga nada que decir; por el contrario “todo lo guardaba en su corazón”, lo cual significa, su profunda mística, es decir, la capacidad de reflexionar y de contemplar los misterios de Dios. Tenemos que aprender a callar nuestros ruidos que muchas veces impiden escuchar la voz de Dios y afectan nuestra capacidad de asombrarnos ante la presencia amorosa de Dios en cada momento de nuestras vida.
  1. Es la Madre del Buen Pastor, que a imagen de su Hijo, nos acompaña en el camino, y como muchos lo expresan, “nos cubre con su manto”, para protegernos de todo mal: “no estoy yo aquí, que soy tu madre, la madre del Verdadero Dios por quien se vive”, le dice a San Juan Diego en el Tepeyac, garantizando su presencia, sobre todo en los momentos difíciles de la vida. Ella como el Buen Pastor, nos conoce, nos cuida, camina con nosotros, nos lleva por “verdes praderas”, nos conduce al manantial de la vida, sobre todo en le Eucaristía.
  1. María nos muestra al que es el Camino, la Verdad y la Vida, y nos invita a caminar con ella, a seguir sus pasos, precisamente, para llevarnos a su Hijo, tal como versa el canto: “eres Pastora Divina, eres Reina soberana, vamos siguiendo tus pasos, lucero de la mañana”. Ser mariano es seguir los pasos de María.
Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora
Voz del Párroco










domingo, 1 de julio de 2018

“HABLA SEÑOR, QUE TU SIERVO ESCUCHA”

1 de julio de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.26


Todos somos llamados a hacer algo en nuestra vida. Si alguno decide ponerse al servicio de los demás por una razón más importante que sus preferencias personales, se dice que responde a una vocación. La vocación es una manera de vivir la vida, comprenderla y ordenarla como un servicio. Pero la llamada- origen de la vocación- no emana de la persona. Esta sólo puede recibirla y aceptarla libremente. La vocación es ser llamado, ser llamado por y ser llamado para. Esto requiere una escucha, una respuesta.

Para los cristianos, la llamada viene de Dios, de la Palabra de Cristo que invita a seguirle ya ser testigos en el mundo y en la historia. Todo cristiano- por su bautismo- está llamado a hacer de su vida una respuesta y un servicio. Las maneras de servir son múltiples según los tiempos y los lugares y la formas de llevarla a cabo.

El primer llamado es a la vida, y cualquiera que sea nuestra vocación, somos llamados a la santidad, a participar en la plenitud del amor de Dios, a amar y a se feliz y hacer felices a los demás. La santidad es una llamada universal dirigida por Dios a todos los bautizados. Esta vocación se recibe en el seno de un pueblo, llamado también por Dio en el transcurso de la historia. La santidad es una gracia ya dada que es preciso hacer fructificar con todos los esfuerzos que hacemos para engrandecerla con la fe y la caridad.

Entre los cristianos, algunos son llamados a consagrar su vida con un don total a Dios y al servicio de una misión como sacerdote, diácono, religioso o religiosa, laico consagrado... Es lo que se llama también vocaciones específica o vocaciones particulares.

En la Iglesia católica, el Servicio de las Vocaciones tiene por misión llamar a cada uno a que su vida se convierta en respuesta específica a la llamada de Dios, a despertar, mantener y ayudar al discernimiento de las personas que se plantean la cuestión de una vocación particular.

Toda llamada, a la vocación que sea, tiene como origen Dios y como fin la realización de la persona dentro de los marcos en los cuales se puede realizar mejor su afán de ser feliz y hacer felices a los demás.

Dios da a cada uno su propia vocación para contribuir al mejoramiento de esta sociedad en la que vive. Y su respuesta y exigencia consiste en dejarla mejor de lo que se la encontró cuando empezó sus pasos por ella. La vocación, pues, entraña una responsabilidad en el puesto que te toque ocupar en la sociedad y en la Iglesia.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

viernes, 1 de junio de 2018

"PADRE NUESTRO"

1 junio de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.25


La figura del papá en el hogar es fundamental para los hijos, la cual no se entiende sin la figura de una madre.

¿Cuáles serían las virtudes de un papá?. Muchas de las veces, solo se piensa en un papá, como aquel proveedor de la familia, que acerca el “pan a la mesa”, que da para la “quincena”, es una visión muy reducida de lo que realmente es; además, hay que añadir, como se ha ido desvirtuando esta imagen, en donde muchas veces, vemos su ausencia, hogares sin padre, por las separaciones, porque no se asume con responsabilidad el engendrar un hijo o cuidar de un hogar. 

Más aún, cuando los papás se disputan la custodia, los hijos se ven afectados; y otras muchas situaciones como tener papás alcohólicos, drogadictos, violencia en el hogar, machismo, privando a los hijos de poder ofrecer amor, ternura, cuidado, ejemplo de vida, un abrazo o una caricia, ya no se diga, poder inculcarles el amor a Dios, etc.

Celebrar el día del padre, es una gran oportunidad, no solo para alegrarnos con quienes han recibido este don, sino sobre todo para tomar conciencia de esta gran tarea.

Por eso, en primer lugar, dirijamos nuestra mirada a Dios, quien es nuestro Padre: amoroso, misericordioso, justo, que nos cuida, que nunca nos abandona, que es Padre mío, es Padre Nuestro. La paternidad de Dios se inspira en los rasgos de la maternidad, en este sentido el profeta Isaías presenta esta imagen del amor materno lleno de ternura. y dice así: ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! (49,15). Nos conoce, sabe lo que necesitamos, siempre está con nosotros.

Por supuesto, Dios mismo, quizo para su Hijo, un padre adoptivo, por eso eligió a San José, hombre humilde, justo, sencillo, trabajador, de un gran corazón, responsable, amoroso, de fe firme, buen esposo, tierno, llenó de cuidados a su familia, transmitió todo esto a su niño Jesús. Sin lugar a dudas, a el encomendamos a todos los papás, pues pueden ver en San José, al buen esposo y sobre todo mejor papá.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora
Voz del Párroco




jueves, 10 de mayo de 2018

“FELIZ DÍA DE LAS MADRES”

10 de mayo de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.24


Cada año celebramos con gran entusiasmo el día de la madres. No faltan las grandes ofertas para celebrarlas “comprándoles un regalo”, una plancha, una lavadora y en el mejor de los casos una tablet o un smartphone. Pero ¿es así, como reconocemos no solo a la mujer sino a la madre?

Hemos escuchado la frase “regale afecto, no lo compre”; y tiene mucho de verdad. Pues celebrar a la madre, es reconocer el gran papel que hoy desempeñan en el seno familiar y no solo eso, sino el hecho mismo de ser madre.

La situación en que viven hoy muchas mamás es lamentable. Hay muchas mamás solas que valientemente sacan a adelante a los hijos, no solo brindando sustento, sino educándolos contra toda corriente; se ven lastimadas o discriminadas, por el machismo persistente de nuestra sociedad, donde su labor doméstica es menospreciado, como si no fuera una auténtica labor. Si trabajan, son condicionadas a ganar menos que los hombres, o peor aún, si están embarazadas, no puede fácilmente conseguir trabajo, o si lo tenían, son despedidas.

Ojalá que esta celebración nos ayude a cambiar de actitud y a luchar por mejores condiciones para las mamás. Sin lugar a dudas, son un pilar fundamental en la construcción de la familia, que ya no haya mamás solas. Que se mejoren las políticas a favor de la mujer y de la familia. Que los hombre dejemos a un lado el machismo.

En nuestras madres podemos encontrar el gran valor de la vida, de la fortaleza, de la tenacidad, de la ternura, de la fe y amor a Dios; en ellas, se ve reflejado el rostro amoroso de Dios, quien es padre y madre; por eso Jesucristo quizo dejarnos a su Madre María, como nuestra madre, que nos cobija, nos acompaña, nos da consuelo.

Celebrar a las mamás, es una oportunidad para quienes son esposos, a ser mejores padres, y quienes son hijos, a ser mejores hijos. 

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora
Voz del Párroco



lunes, 30 de abril de 2018

"Dejen que los niños vengan a mi”

30 de abril de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.23


Es de admirar la sensibilidad que tiene muchos padres católicos al acercar a sus hijos a Dios, sobre todo para pedir el Bautismo, o para celebrar la presentación cuando cumplen tres años, y más aún cuando los acercan al catecismo para prepararse para la sagrada comunión.

Pero no podemos quedarnos solo en “acercarlos”; muchas veces pedimos la gracia del bautismo, pero los papás no se preocupan de vivir en la gracia de Dios; o los presentan en el tempo, pero la mayor parte del tiempo viven alejados de Dios, a los llevan al catecismo, como si fuera una guardería, y no existe ningún indicio de educación en la fe en los hogares.

Quiero invitar a los padres católicos a que asuman su responsabilidad de ser los primeros educadores en la fe de sus hijos, como una forma de hacer que los hijos puedan experimentar la ternura amorosa de Dios desde el hogar; hay que hacer de cada uno de nuestros hogares sea el primer ambiente en donde brille la luz de Cristo, y puedan crecer en “estatura, sabiduría y gracia de Dios”, siguiendo la pedagogía de la Sagrada Familia de Nazarteth.

En estatura: no solo en proveer lo necesario para que los hijos tengan lo elemental para crecer de manera saludable, con lo necesario para vestir o el cobijo de un techo.

En Sabiduría: con el testimonio y buen ejemplo de los padres, enseñando las virtudes y ofreciendo lo necesario para formar el carácter y la personalidad de cada uno de los miembros de la familia. Enseñando los principios y valores humanos y cristianos.

En gracia de Dios: propiciando en la familia el encuentro cotidiano con Jesucristo, a través de la oración, de la escucha de su Palabra, de la enseñanza de la fe; participando en los sacramentos, sobre todo en la confesión y la santa Misa; y sobre todo que en la familia se pueda experimentar la presencia cotidiana de Jesús.

No olvidemos que una condición fundamental para entrar al Reino de Dios es ser como los niños, no es una llamado a ser “infantiles”, sino que podamos descubrir y vivir las virtudes de los niños, sobre todo la inocencia y la pureza del corazón.

Que en cada familia brille la luz de Jesucristo, y a todos los niños les deseo un feliz día del niño.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

lunes, 26 de marzo de 2018

“CINCO FORMAS DE VIVIR LA PASCUA”

26 de marzo de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.23


Hemos celebrado la Semana Santa que tiene su culmen en la Resurrección, es el gran acontecimiento de la Pascua; la Iglesia nos invita a vivir 50 días pascuales, ¿cómo vivirlos?, eh aquí cinco formas:
  1. Vivir la alegría pascual, no solo el domingo de resurrección: después de 40 días de preparación a la gran fiesta de la Semana Santa, pareciera ser que llegamos demasiado agotados como para retomar el camino de la Pascua, que serían otros 50 días. Son semanas para vivir la alegría pascual, es el momento de dar testimonio y compartir que Cristo está vivo.
  1. Resucitando y no quedarnos en el sepulcro: Habiendo vivido la Pasión y la muerte de Jesucristo, hay que resucitar con Él; San Pablo nos dice: "si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe", es tiempo de afianzar nuestra fe, vivir como resucitados: es vivir rechazando la mentira, el pecado, la corrupción, todo aquello que provoque la muerte.
  1. Dejarnos acompañar por Jesús, quien nos instruye con su Palabra Es un tiempo de profundizar en las Sagradas Escrituras, en el Catecismo de la Iglesia Católica y en las enseñanzas de la Iglesia. No podemos quedarnos ignorantes de nuestra fe. Que importante es la tarea de los padres y padrinos en la educación de la fe. Que como los peregrinos de Emaús, podamos experimentar el gozo de la compañía de Jesús, que los hiba instruyendo, al punto de decir, "quédate con nosotros Señor”
  1. Vivir la Eucaristía, pues como los discípulos de Emaús, ahí reconocemos la presencia de Jesús resucitado: al momento de que bendijo y partió el pan, lo reconocieron, por eso "ardía su corazón". Que en cada misa "arda nuestro corazón", pues celebramos la pascuade Jesús; que nuestra participación se cada vez más viva y consciente.
  1. Dando testimonio: los peregrinos de Emaús, al reconocer a Jesús en la fracción del pan, inmediatamente volvieron a Jerusalén, para comunicar la alegría de que Jesús estaba vivo. Así nosotros, que sea un continuo comunicar que Cristo esta vivo, que está presente en cada momento de nuestras vidas, que no podemos sacarlo o ser indiferentes. Urge católicos que comuniquen la presencia viva de Jesús, a través de un buen testimonio, alegre y solidario, con el más necesitado, con quien se siente solo y abandonado, con el enfermo, con quien no conoce el amor de Dios.
“Cristo ha resucitado: verdaderamente ha resucitado Felices pascuas de resurrección”

Pbro. Saúl Ragoitia Vega
Praeses Nacional 

Obra Kolping México

sábado, 3 de marzo de 2018

“5 formas para vivir la Semana Santa”

3 de marzo de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.22

  1. Es Semana Santa, no semana de vacaciones.
Recordemos que la Semana Santa, es la mas Santa de las semanas, lamentablemente muchos cristianos la consideran solo semana de vacaciones.
Ya es ventaja, que pueda haber vacaciones en este tiempo, puede ser una buena razón, para poder aprovecharlo, sobre todo en familia; y aún cuando sean vacaciones prever y dar el tiempo para vivir la celebración más importante, por eso también se le llama semana mayor.
  1. Prepararme y que no nos tome desprevenidos.
En este sentido, para eso es la cuaresma, tiempo de preparación; tenemos 40 días en los que podemos, a través de lo que nos propone la Iglesia, disponer el corazón a una mejor vivencia de los días santos; que no sea una Semana Santa más, la oración, el ayuno, la solidaridad, los ejercicios cuaresmales, la vivencia de las obras de misericordia, la confesión, son modos en que podemos prepararnos; y más inmediatamente, en los días santos, profundizar en el conocimiento no solo de la liturgia, sino sobre todo del sentido pascual.
  1. Dar importancia a cada celebración, no quedarme solo en los signos.
No podemos quedarnos solo en los signos, por ejemplo, el Domingo de Ramos, solo con los ramos, sino en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y el inicio de la Pasión de Jesús, el Jueves Santo, no solo con los panes benditos, o la visita a las siete casas, sino en la celebración del mandamiento del amor, la institución del sacerdocio y de la Eucaristía, el Viernes Santo, no solo la procesión del silencio, sino la adoración de la Santa Cruz; y la Vigilia Pascual, no solo llevar agua para bendecir o el cirio, sino la renovación de nuestro bautismo, y sobre todo la Resurrección de Jesús.
  1. Participar devota, activa y dignamente, no ser mero espectador.
No podemos llegar a la Semana Santa como meros espectadores, como si fuésemos a meras representaciones de sucesos conmovedores de la Pasión de Jesús; como sucede en las representaciones del Viacrucis, o la procesión del silencio, o en la visita a las 7 casas, como si fuese un recorrido turístico, más lamentable, en las celebraciones litúrgicas, como el lavatorio de pies; es muy triste, que seamos solo espectadores, muchas veces curiosos o peor aún insensibles ante la pasión y muerte de Jesús. No podemos desaprovechar toda la riqueza de la Semana Santa para que espiritualmente nos acerquemos a vivir cada momento, con profundo respeto, gran devoción, digna participación, y sobre todo, con un corazón contrito y un espiritu agradecido por todo el amor que Dios nos tiene al entregarnos a su Hijo, hasta la muerte, para darnos vida.
  1. Resucitar con el Señor Jesús, y no quedarnos solo en la muerte.
La Semana Santa es celebrar la pasión, muerte y resurrección del Señor, recordemos las palabras de San Pablo, si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. Muchos cristianos no resucitan con el Señor, pues no hay conversión, no hay vivencia, y muchos menos renovación y compromiso; nos olvidamos que la pascua no termina con el domingo de resurrección, sino que son 50 día pascuales, hasta pentecostés, para festejar el misterio de nuestra salvación, y más aún, cada misa, sobre todo el Domingo, Día del Señor, “anunciamos su muerte, proclamamos su resurrección” e imploramos con esperanza “ven Señor Jesús”.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora


jueves, 1 de marzo de 2018

“La cuaresma y la restauración del orden social”

1 de marzo de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.22


Jonás es enviado por el Señor a la gran ciudad de Nínive, para anunciar su destrucción sino se arrepentían, les invita a la penitencia, a cubrirse de sayal, de ceniza, a ayunar 40 días; la gente creyó en la advertencia, al igual que su rey, quien se comprometió dando un edicto a toda la nación para corregirse de su mala conducta y sus malas obras.  Vemos la experiencia de este pueblo que junto con sus autoridades escuchan la voz de Dios y deciden iniciar un reordenamiento no solo personal sino sobre todo social.

Sin lugar a dudas, las prácticas cuaresmales son un  cambio no solo personal, sino ante todo social, pues implican no solo una serie normas, sino de un auténtico cambio de vida. Si cayéramos solo en una especie de costumbre, de tomar ceniza solo por tradición, al igual que ayunar o abstenerse, serían prácticas vacías y sobre todo hipócritas, tal como lo advierte Jesús a la gente: que su ayuno, oración y limosna no sea como la de los hipócritas, que solo lo hacen para que los vean y quedar bien.

Ahora bien, si recordamos las palabras del profeta Isaías cuando habla sobre el ayuno que realmente agrada al Señor, no es el de ayunar o abstenerse simplemente de un alimento, sino sobre todo es el de “compartir” el pan con el que no lo tiene, en otras palabras, el ayunar , orar, el dar limosna, el recibir la ceniza, nos tiene que llevar a trabajar por una restauración del orden social, donde los ciudadanos, las autoridades y sobre todo los cristianos busquemos erradicar la corrupción, la pobreza, la desigualdad, la injusticia, la violencia. Pero es necesario volver a Dios, no porque vaya a destruirnos, sino porque con Él, no nos destruiremos entre nosotros mismos. 

No podemos caer ya en más hipocresías, pretendiendo cubrirnos de cenizas (pero de los restos quemados de la sociedad), de supuestos deseos de cambio social, con falsas promesas y aparentes buenas intenciones, cuando en realidad subyacen intereses particulares de orden económico y de búsqueda poder. La cuaresma que sea una oportunidad para la restauración del orden social.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

jueves, 1 de febrero de 2018

"Cinco formas de vivir la Cuaresma"

1 de febrero de 2018, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.21


Queridas familias, ya estamos próximos a celebrar el tiempo de la Cuaresma, que como bien sabemos comienza con el miércoles de ceniza, como preparación para la Pascua; es un tiempo de gracia, en el que tenemos la oportunidad de crecer espiritualmente. Las prácticas cuaresmales, como el ayuno, la oracion y la práctica de la solidaridad a través de la limosna, nos ayudan a una mejor vivencia de nuestra vida cristiana.
Les invito sobre todo, a aprovechar este tiempo, que no sea una Cuaresma más. El signo de la ceniza, como sacramental, nos abre el camino a la vivencia de este gran misterio cuaresmal, ya que dispone el espiritu a la reconciliación, a volver el rostro a Dios, sobre todo si lo hemos olvidado, o puesto en segundo lugar, por las preocupaciones de esta vida, es lo que se llama "matonoia", o conversión.
Quiero proponerles cinco formas de vivir este tiempo en familia:
1º Reconciliarnos: es tiempo del perdón, de pedirlo y darlo, de buscar estar en paz con quien hemos tenido alguna dificultad, con quien estamos resentidos o guardamos rencor, enmendar las faltas y ofensas a nuestro prójimo, pero ante todo confesarnos, buscar el sacramento de la reconciliación para encontrarnos con el amor misericordioso de Dios.
2º Crecer espiritualmente: a través de la oración cotidiana, sobre todo personal y en familia, participando en la Santa Misa, aprovechar los ejercicios cuaresmales.
3º Conociendo más nuestra fe: a través de la lectura asidua de la Biblia, Palabra de Dios, estudiando el carecimo de la Iglesia Católica, conocer más acerca de este tiempo de Cuaresma a través de los diversos recursos que nos ofrece el Papa, o e nuestra parroquia. Es importante dedicar tiempo para el estudio y la reflexión cotidiana.
4º Sacrificándonos: en esta cultura del bienestar, parece ser que el sacrificio no cabe, pero por el contrario, quien vive este valor, comprende mejor la belleza de la vida, como se dice: "lo que no cuesta no vale". Por eso vivir el ayuno y la abstinencia, nos cultivan en el sacrificio, es una manera de fortalecer la voluntad y dominar nuestros apetitos; es una forma de gobernarnos ante los impulsos y las tentaciones.
5º Solidarizándonos: este valor, es un fruto tangible de quién vive con integridad este tiempo, puesto que la solidaridad, sobre todo con el más necesitado, es la expresión de quién vive la fe y la pone en práctica. Vivamos sobre todo las obras de misericordia, ojalá que cada uno de los 40 días cuaresmales, sea una oportunidad para vivir la caridad, que no pase día en que no hagamos una obra buena, desde visitar a un enfermo, de compartir desde nuestra propia pobreza, de no desperdiciar, de ser buenos vecinos, de preocuparnos por nuestra comunidad, etc.
A todos les deseo una Santa Cuaresma.
Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco