lunes, 5 de junio de 2017

EL SACERDOTE Y LA FAMILIA

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega. 

5 de junio de 20175 


Himno: SEÑOR, TÚ ME LLAMASTE.

Señor, tú me llamaste
para ser instrumento de tu gracia,
para anunciar la buena nueva,
para sanar las almas.

Instrumento de paz y de justicia,
pregonero de todas tus palabras,
agua para calmar la sed hiriente,
mano que bendice y que ama.

Señor, tú me llamaste
para curar los corazones heridos,
para gritar, en medio de las plazas,
que el Amor está vivo,
para sacar del sueño a los que duermen
y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus dedos,
haz lo que quieras conmigo.

Señor, tú me llamaste
para salvar al mundo ya cansado,
para amar a los hombres
que tú, Padre, me diste como hermanos.
Señor, me quieres para abolir las guerras,
y aliviar la miseria y el pecado;
hacer temblar las piedras
y ahuyentar a los lobos del rebaño. Amén


Jn 17, 11-19.

Que sean uno, como nosotros


“En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»

Reflexión 

Jesús ruega al Padre por sus discípulos. 

El Evangelio de hoy es tomado del discurso de despedida de Jesús, antes de encaminarse hacia el huerto de los olivos. Se refleja en él el clima anímico que tuvieron que tener el Señor y los apóstoles, la noche de la Última Cena. En estas palabras, el corazón de Cristo se nos muestra enteramente abierto y fraternal. Es la hora de las grandes confidencias.


El trozo es parte de una oración personal de Jesús, llamada la oración sacerdotal. Está conversando en forma sencilla y espontánea con el Padre. En todo el tono de las palabras se nota la huella de Jesús. Se trata de uno de los momentos más intensos de la vida del Maestro.


“Padre santo, guarda en tu nombre a estos que me has dado, para que sean uno como nosotros”.


Jesús aclara que la unión entre él y los apóstoles no es una simple amistad, algo que termina en el sentimiento. Pide para ellos una unidad tan íntima como la unidad divina. Pide que, aunque sigan en el mundo, estén separados de él como Él mismo lo está. Pide que, como Él, estén totalmente consagrados a Dios y sean sus enviados en el mundo. En estas peticiones al Padre quedan definidos la razón de ser de la Iglesia y todo el nuevo orden de la Iglesia.


Y aparece aquí, en este altísimo momento, la sombra trágica de Judas. Se perdió porque estaba perdido, era “el hijo de la perdición”. La siembra de Cristo tropezó con un alma de piedra en la que no pudo calar la semilla. En los demás habrá esa alegría cumplida que hay en quien recibe la palabra.


“No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal”.

No pide que sean sacados de su ambiente, no pide que se les preserve del mundo: hacen falta en el mundo, ahí esta su misión. La levadura debe estar en medio de la masa. Pero necesitan ayuda de Dios para ser preservados del mal. Porque el mundo los aborrecerá y no será fácil soportar el odio de los demás.


“Santifícalos en la verdad”.


Santificar equivale a consagrar. Lo que pide Jesús no es una simple ayuda para los suyos. Pide una auténtica transformación interior. No pide que se dediquen al servicio de la verdad, pide que sean transformados por la Verdad, con mayúscula. Pide que Dios los haga suyos, pide que sean consagrados por Dios.

Estamos ante un pasaje fundamental. La oración de Jesús es siempre eficaz. Obra lo que dice. A la luz de estas palabras entendemos mejor la ordenación sacerdotal que se realizó en esta misma cena del jueves santo.


Todo el ministerio de Jesús fue, en favor de los apóstoles elegidos, como una prolongada ordenación. Y esta oración sacerdotal, en el momento de la sagrada cena, es el punto culminante de esta ordenación: señala la extensión y la realidad de los poderes, la santidad de los lazos y la unidad que resulta de ella. Jesús se presenta, en este momento más que nunca, como el gran sacerdote que consagra a otros sacerdotes.

Así fue. Ellos apenas se enteraron. El miedo y lo corto de sus inteligencias, sus ambiciones personales y sus rencillas egoístas, todo les impedía descubrir lo que estaba ocurriendo en sus almas. Pero la resurrección iluminó lo que apenas habían intuido. Entonces recordaron y reconstruyeron lo que esa noche santa había ocurrido. Por eso se lanzaron a los caminos del mundo. Por eso tomaban el pan entre las manos y lo repartían a los nuevos creyentes, seguros de que la fuerza de Jesús actuaba en ellos.


Los sacerdotes no son “hombres sin familia”.


Su celibato no es una renuncia a la paternidad ni un desprecio del matrimonio. 

Los sacerdotes viven la paternidad y el matrimonio en forma diferente.


El sacramento del Orden es una consagración de su amor a la Iglesia.


Jesucristo es Esposo de la Iglesia y el sacramento del Orden permite participar de la unión conyugal de Cristo y la Iglesia. Esto trae, como el matrimonio, responsabilidades y privilegios.


El sacerdote tiene un lugar de gran responsabilidad en la Iglesia, puesto que su ministerio se alimenta de la realación fundamental que le une con Jesucristo, Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo de la Iglesia. Así participa, de manera específica y auténtica, de la unición y de la misión de Cristo (cf. Lc 4, 18-19).


Pero íntimamente unida a esta relación está la que tiene con la Iglesia. No se trata de relaciones simplemente cercanas entre sí, sin unidas interiormente en una especie de mutua inmanencia.


Y mediante la consagración sacramental, el sacerdote se configura con Jesucristo, en cuanto Cabeza y Pastor de la Iglesia, y recibe como don una potestad espiritual, que es la participación de la autoridad con la cual Jesucristo, mediante su Espíritu, guía la Iglesia.


Gracias a esta consagración obrada por el Espíritu Santo en la efusión sacramental del Orden, la vida espiritual del sacerdote queda caracterizada, plasmada y definida por aquellas actitudes y comportamientos que son propios de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia y que se compendian en su caridad pastoral: él siente compasión de las gentes, porque están cansadas y abatidas, como ovejas sin pastor (cf. Mt 18,12-14); el busca las dispersas  y las descarriadas (cf. Mt. 18,12-14), y hace fiesta al encontrarlas, las recoge y defiende, las conoce y llama ana a una (cf. Jn 10,3), para ellas prepara una mesa, alimentándolas con su propia vida.


ROL DE LOS SACERDOTES CON LAS FAMILIAS

  1. Padres. Que den vida, fomenten la unidad y estimulen el liderazgo.
  2. Hermanos. Reconociendo los vínculos que nos unen a los demás; pues pertenecen con las familias a una misma familia. No son ni mejores ni peores. Tenemos que aprender de ellos y enseñar a ellos el camino de Dios.
  3. Pastores. Que cuiden el rebaño que es del Señor y apacienten con la verdad del Evangelio y con los Sacramentos. Ser pastores al estilo de Jesús: dando su vida por la grey, sabiéndola entregar incluso con sacrificio.
  4. Maestros. Enseñándoles la verdad de Jesús con el ejemplo y con la palabra. Pero también siendo discípulos y aprendices de la vida en familia. El sacerdote no puede renunciar a ser maestro; pero no puede pretender ser el único maestro. Si el sacerdote cumple y combina adecuadamente estos cuatro roles, las familias y los mismos sacerdotes se santificarán.

HAGAMOS NUESTRA LA ORACIÓN DE JESÚS


Padre Dios, nuestra hora también ha llegado. Queremos acoger

la salvación que Jesús nos ofrece.


Que tu gloria, tu presencia se manifieste en nuestra vida y así

podamos glorificarte con Jesús.


Gracias Señor porque nos das tu vida. Haz que te conozcamos

más y más a ti y a tu Hijo Jesucristo.


Jesús nos ha comunicado tu doctrina, tus enseñanzas.

Ayúdanos a guardarlas y a ponerlas en práctica.


Sigue rogando por nosotros, Jesús, porque somos tuyos...


Ruega también, Señor, por los que todavía no son tuyos ni

quieren serlo.


No te olvides de los que no te conocen pero son tuyos porque

viven tu evangelio sin saberlo.


Tu ya no estás visible en este mundo pero estás entre nosotros

por tu Espíritu y nos guardas del mal.


Como tu eres “uno” con tu Padre así queremos ser “uno”

contigo y entre nosotros para que el mundo crea.


Tu guardaste a tus discípulos para que no se perdieran.

Guárdanos ahora a nosotros, Señor, para que no nos perdamos

ni nos alejemos de ti.


Concédenos Señor la plenitud de tu alegría.

Estamos en el mundo, Señor, pero no queremos pertenecerle.

¡Guárdanos del mal!


Jesús, camino, verdad y vida, llévanos por tus sendas,

afianzanos en tu verdad, comunícanos tu vida.


Como el Padre te envió al mundo, ahora nos envías tu a

nosotros para comunicar tu Palabra y manifestar tu amor.

¡Estamos dispuestos Señor!


Jesús, antes de morir rogaste por los tuyos y por nosotros para

que seamos “uno”. Padre Dios, escucha la oración de tu Hijo y

realiza en nosotros la unidad en el amor.


Tu estás en tu Padre y tu Padre está en ti. También nosotros

estamos en ti y en tu Padre por el Espíritu.


Señor Dios, queremos estar donde tu Hijo. Llevanos a Él

porque nos amas.


Padre Santo, que el amor que tienes a Jesús esté también en

nosotros para que estemos en ti y vivamos de ti.


ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
(de San Agustín)
 
Espíritu Santo, inspíranos, para que pensemos santamente.
Espíritu Santo, incítanos, para que obremos santamente.
Espíritu Santo, atráenos, para que amemos las cosas santas.
Espíritu Santo, fortalécenos, para que defendamos las cosas santas.

Espíritu Santo, ayúdanos, para que no perdamos nunca las cosas santas.


jueves, 1 de junio de 2017

“AL CIELO QUEREMOS IR…"


1 de junio de 2017, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.13


“Estamos de fiesta con Jesús, al cielo queremos ir”. Cantamos en nuestras celebraciones, poniendo de manifiesto la esperanza cristiana que da sentido a nuestra existencia.

La Ascensión del Señor celebra a Jesús que sube al cielo para regresar con su Padre después de cumplir su misión; de esta manera nos abre las puertas del cielo para poder seguirlo.

Pero ¿Sí queremos ir al cielo? ¿Nuestra vida, todo lo que somos y hacemos es en perspectiva de cielo? Da la impresión que aun cuando en cierta medida profesamos esta verdad, no es algo que en el día a día lo tengamos presente.

Se está demasiado arraigado a las cosas terrenales, que aun cuando caminamos con los pies en la tierra, poco levantamos los ojos al cielo.
Y es que hay que morir (y no faltará quien quiera eludir esta vedad y de manera equivocada diga “toco madera”), es decir, vivir nuestra pascua, para resucitar y poder gozar de la salvación y del cielo.

Celebrar la Ascensión es clarificar nuestra existencia desde la perspectiva de cielo, es decir:

1- Como respuesta. Todas nuestras interrogantes: quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, qué sentido tienen la vida, el dolor, el sufrimiento, la muerte... se resuelven desde esta perspectiva de cielo.

2- Como nuestra meta. Nuestro caminar adquiere sentido pues es un peregrinar hacia la plenitud; por eso, cada paso que demos sea para ganar cielo y no para atrás y alejarnos.

3- Como impulso a vivir una vida siempre en continuo perfeccionamiento; responder al llamado a ser Santos.

4- Como esperanza, que alienta sobre todo en dar un renovado sentido a la existencia.

5- Como estilo de vida que configura nuestra manera de entender la vida y sobre todo de vivirla.

Celebrar la Ascensión del Señor es celebrar nuestra esperanza con perspectiva de cielo, que nos mueve a que cada momento de nuestra existencia sea expresión de nuestro deseo: “Al cielo queremos ir”. 

Pbro.Lic.Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

lunes, 1 de mayo de 2017

“MARÍA, NUESTRA MADRE”

1 de mayo de 2017, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.12


¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado!

Les saludo queridos hermanos en este hermoso tiempo pascual.

Este mes tenemos muchas celebraciones: día del trabajo, día de las madres, día del maestro, día del Seminario, la Ascensión del Señor, pero, lo más importante es que Santa María nos acompaña, pues sabemos que Mayo es el mes de María.

Les invito a tres cosas: primero a consagrar a María, en su advocación de la Divina Pastora, a todos los trabajadores, pero sobre todo a los que no tienen trabajo, a cada una de las mamás (particularmente a las que quedan solas haciendo de madre-padre y viceversa); a todos los maestros (particularmente pedimos por la educación en México, bien sabemos todo el rezago y la problemática); por las vocaciones (particularmente por los sacerdotes – que han sido secuestrados y muertos-). 

Vaya que es un mes intenso, que si bien celebramos, también ponemos en el escenario las principales problemáticas que nos aquejan; ¡sí, que necesitamos la intercesión de María!

Segundo: hagamos del rezo del Santo Rosario, no sólo una práctica familiar, sino una oración cotidiana, además del rezo del “Angelus”, y que en este tiempo pascual sería el “Regina Coeli”.

Por último les invito a que, como María, siempre atenta a las necesidades de cada uno, recordemos su preocupación y visita a su prima Santa Isabel-, continuemos practicado las obras de misericordia.

“De la mano de María, caminemos al encuentro de Jesús”.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega.
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco.

sábado, 1 de abril de 2017

“Vive la Semana Santa”

1 de abril de 2017, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.11


Muchos católicos viven su cuaresma, pero sin llegar a la Pascua; es más, hemos llegado a llamar a la Semana Santa, “Semana de vacaciones”.

Los días santos de la Semana Santa son eso: los más santos. Por eso es importante que conozcamos la riqueza litúrgica con que celebramos, para vivirla y celebrarla dignamente. 

El domingo de Ramos recordamos la pasión del Señor, con su entrada a Jerusalén, se bendicen los ramos. También celebramos en estos días la Misa Crismal, donde el Obispo bendice y consagra los Santos óleos: el de los enfermos y el óleo de los catecúmenos, así como el Santo Crisma.
El jueves por la tarde damos comienzo con el triduo Pascual, celebrando la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, en la última cena, y dándonos el mandamiento del amor.

El día viernes Santo conmemoramos la pasión del Señor, centrando la mirada en la Cruz y adorándola. El sábado por la noche celebramos la vigilia Pascual, dando inicio al tiempo de la Pascua, para proclamar la resurrección del Señor.

Les invito a vivir esta Pascua como culmen de la Cuaresma; aunque la fiesta continúa durante 50 días, hasta la fiesta de Pentecostés. Recordemos que si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

martes, 21 de febrero de 2017

“ABRE LA PUERTA DE TU CORAZON AL OTRO”

La cuaresma es tiempo para "abrir la puerta de nuestro corazón al otro", es parte de la lógica de una nueva cultura del encuentro que el Papa Francisco ha venido insistiendo. Es un tiempo de descubrir que el otro es un don, y que su vida merece ser acogida, respetada y amada.
En su mensaje de Cuaresma 2017, el Papa Francisco hace una reflexión a la luz de la parábola del rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31), donde subraya la tragedia del pobre y el egoísmo del rico, cegado por la riqueza, lleno de vanidad por la opulencia y de soberbia que le impide mirar y escuchar, el rostro y el grito del débil necesitado, quién parece ser una molestia invisible al estar frente a su puerta.
La cuaresma que inicia con el miércoles de ceniza es la oportunidad de un nuevo comienzo, es una llamada a la conversión, es volver a Dios de todo corazón; es un tiempo propicio para intensificar la vida del Espíritu a través del ayuno, la oración y la limosna, medios santos que nos propone la Iglesia; es tiempo para escuchar y meditar la Palabra de Dios que nos da la clave para saber como debemos comportarnos y alcanzar la felicidad y construir esta cultura del encuentro; es tiempo de:
  1. Abrir los ojos y ver el rostro de Cristo en el mas necesitado; no podemos cerrarlos, o hacer que no vemos lo que le sucede al hermano, o lo que es peor, enceguecernos por nuestro egoísmo e indiferencia, en donde solo nos miramos a nosotros mismos con gran vanidad, preocupados por la excentricidad del consumismo y la voracidad insaciable de lo superfluo, que nos impide compartir y vivir la generosidad compartida solidariamente con el otro.
  1. Abrir los oídos, ante el grito angustioso del que sufre; que nada opaque su voz; es necesario prestar oídos, aprendiendo a escuchar con delicada atención su voz muchas veces desgarradora por la gran necesidad que experimenta. Por escucharnos solamente a nosotros mismos, nos vuelve incapaces de escuchar y mucho menos de dialogar.
  1. Abrir la puerta del corazón al otro, como oportunidad no solo de acoger, de hacer pasar, de hacer sentir en "casa", sino como oportunidad de encontrarme a mi mismo en el otro, y poder formar un "nosotros"; es decir, hacer comunidad donde pueda construirse la paz. Que quien toque a nuestra puerta no pase desapercibido, no sea invisible, y mucho menos una molestia o una carga.
Que este tiempo de cuaresma escuchemos y meditemos la Palabra de Dios que nos mueva y nos de la fuerza, capaz de suscitar la conversión del corazón y orientar la vida nuevamente a Dios y atender a la invitación: "abre la puerta de tu corazón al otro”.

Pbro. Saúl Ragoitia Vega
Praeses Nacional 

Obra Kolping México

miércoles, 1 de febrero de 2017

“EL AMOR NO SE VENDE”

1 de febrero de 2017, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.9


El amor es un elemento constitutivo de la naturaleza del ser humano, todos tenemos la capacidad y la necesidad de amar, y de vernos amados; “si no tengo amor nada soy”, nos recordará San Pablo; lamentablemente la palabra “amor”, una de las más utilizadas, aparece muchas veces desfigurada por el mercantilismo, la sociedad de consumo y el utilitarismo (que ve a la persona como objeto y no como sujeto).

Es necesario cultivar y cuidar la alegría del amor; en este sentido te invito a reflexionar el “Himno a la Caridad” de San Pablo (1Co 13,4-7) que pone de manifiesto las características del amor:

1. Es paciente, lento a la ira, de no ser así nos volvemos intolerantes, sin dominio de las pasiones, antisociales.
2. Servicial: nos vuelve generosos, dar sin esperar nada a cambio.
3. No tiene envidia: valora los logros ajenos, nos ayuda a aceptar los dones de los demás.
4. No hace alarde y no es arrogante: nos vuelve humildes.
5. No obra con dureza: nos vuelve amables
6. No busca su propio interés: nos hace desprendidos.
7. No se irrita: contra resta todo tipo de violencia.
8. No lleva cuentas del mal: lo perdona todo, nos vuelve misericordiosos
9. No se alegra de la injusticia, goza con la verdad
10. Lo disculpa todo: nos ayuda a no ser entrometidos y chismosos.
11. Todo lo cree: nos reaviva la fe.
12. Todo lo espera: nos ayuda a tener perspectiva de futuro.
13. Todo lo soporta: sobrelleva con espíritu positivo todas las contrariedades.

Celebremos el amor cotidianamente cultivando estas características, de esta manera erradicaremos ese mercantilismo que usa el “amor” para vender: “el amor no se vende”.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora
Voz del Párroco

domingo, 1 de enero de 2017

“AÑO NUEVO”

1 de enero de 2017, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.8


Queridos feligreses, un nuevo año comienza y lo hacemos pidiendo por la Paz, celebrando la Epifanía del Señor, su Bautismo y se nos invita a pedir por la unidad de los cristianos, grandes celebraciones que nos acompañan y ayudan a profundizar en nuestra vida cristiana. 

Que nada nos distraiga, pongamos nuestra esperanza en la Divina Providencia, “que nos acompaña en cada instante y momento, para que nunca nos falte: casa, vestido y sustento, y a la hora de la muerte el santo Sacramento.

No podemos poner nuestra esperanza en “el borrego de la suerte”, o vistiendo “calzones rojos o amarillos”, como talismanes de un buen porvenir; no caigamos en supersticiones efímeras, que nos llevan a desconfiar de Dios.

Este año es oportunidad para centrar nuestra mirada en Cristo, camino, verdad y vida, acompañados de la Virgen María, como Señora de la Paz; adoremos a Cristo como los pastores de Belén y los Reyes Magos.

Así podremos construir la paz y la unidad en nosotros, con nuestras familias y en medio de nuestra comunidad. Les invito a comenzar este año con renovadas esperanzas, no solo buenas intenciones, sino con un firme compromiso de ser mejores personas, viviendo la misericordia y la solidaridad. A todos les deseo un feliz año nuevo.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora.

Voz del Párroco

jueves, 1 de diciembre de 2016

“Adornarnos interiormente”

1 de diciembre de 2016, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.7

Los saludo deseando a todos, paz en su vida y en sus hogares.

En este mes de diciembre hemos iniciado el nuevo año litúrgico, con la celebración del primer domingo de adviento, tiempo de gracia y preparación para dar posada a Nuestro Señor Jesucristo en la Navidad.

Les invito a vivir plenamente el Espíritu del Adviento y de la próxima Navidad.
Es tiempo de crecer en familia, promoviendo la unidad, la paz, la fe. Hay que adornar no sólo externamente, eso es un signo que al final no es lo más importante; sobre todo debemos pensar como habremos de adornarnos interiormente.

Hay que estar atentos a no caer en el consumismo y la moda comercial; es tiempo de saber ahorrar e invertir más en los valores, de no caer en lo superficial. Hoy nos venden Navidad como un producto, vemos los aparadores llenos de artículos y publicidad navideña, que de ninguna forma es lo más importante.

Debemos adornar nuestro corazón como el pesebre: humilde y lleno de amor. No podemos ni debemos dejarnos atrapar por el materialismo. Es tiempo de prepararnos como familia para recibir a Jesús en nuestros hogares. ¡Feliz Navidad!

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

martes, 1 de noviembre de 2016

“Con los pies en la tierra y la mirada en el cielo”

1 de noviembre de 2016, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.6


La celebración de todos santos y fieles difuntos, nos recuerda la comunión que tenemos que tener con los santos y de la importancia de la oración por todos los que ya murieron. Muchas veces, aunque tengamos presentes estas dos celebraciones, parecieran muy lejanas; por una parte pedimos la intercesión de los santos, nos encomendamos a ellos, les tenemos cariño y devoción, pero nos olvidamos de cómo ellos alcanzaron la santidad y de cómo cada uno de nosotros está llamado también a ser santo. Nos parece una realidad muy lejana y hasta exclusiva de los sacerdotes y religiosos (as) pero es un llamado a todo bautizado.

He tenido la oportunidad de estar presente en la canonización de San José Sánchez del Río, un adolescente de 14 años que murió por su fe, por Cristo, por su Iglesia sin ningún titubeo, durante la persecución religiosa en México, llegando a confesar a su madre para que lo dejara alistarse a la causa “mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión”. Es un hermoso ejemplo de quién tiene presente el cielo en su vida. Que toda nuestra vida sea un continuo mirar al cielo de la mano de los santos que, además de interceder, sobre todo nos dan ejemplo de gran santidad, que sí es alcanzable para todos.

Por otra parte, respecto de los fieles difuntos, ciertamente pedimos por ellos, pero no nos gusta pensar en la muerte, le rehuimos, es más, ni mencionarla, cuando es una realidad que todos tendremos que “vivir”; claro que quien no tiene esperanza en el cielo, como los santos, ni para que acordarse; y para quien sí, prefiere evadirla, no pensarla; pero yo creo que quienes creemos en la resurrección, aún cuando estamos demasiado arraigados a este mundo terrenal, tenemos que prepararnos para un bien morir en Cristo; quien vive con Él, muere con Él y resucita con Él. 

Que estas celebraciones nos ayuden a un mejor vivir, siempre con los pies en el la tierra pero con la mirada en el cielo.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco

viernes, 21 de octubre de 2016

El impacto positivo de la educación religiosa en el desarrollo de la personalidad

PONENCIA
CONGRESO
FAMILIA Y ESCUELA: LA CLAVE DE LA EDUCACIÓN EN VALORES
21 al 22 de octubre de 2016
Zagreb, Croacia
Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Asesor Mundial de la ICCFM
Introducción
Para considerar el impacto positivo de la educación religiosa en el desarrollo de la personalidad, primeramente hay que decir, que un elemento constitutivo del ser mismo de la persona es su conciencia de la trascendencia, hay una referencia que va mas allá de lo inmanente ante las preguntas mas sustanciales sobre la vida: quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos, que sentido tiene la vida y la muerte, etc.
Esta visión de lo trascendente nos ubica en el aspecto religioso, entendiendo la religión como “religare”, es decir, ese vínculo del hombre con lo Trascendente en su doble movimiento vertical: ascendente y descendente: hombre-Dios – Dios-hombre; y horizontal: hombre-Dios-hombre. Por eso no se puede evitar una educación religiosa, pues esta no solo ayuda, sino que es parte esencial del desarrollo de la personalidad, pues es algo inherente a la persona misma, en cuanto a su madurez y crecimiento; de faltar, se corre el riesgo de caer en los extremos: podemos ir de la mundanización y secularismo, que sustrae toda cuestión religiosa (lleva al ateismo) al punto de pretender ser “dioses”, hasta el fanatismo, que llega a deshumanizarnos sustrayendo nuestra humanidad misma.
En segundo lugar hablar de la personalidad recordemos que es la progresiva manifestación de las características de la persona, que le permiten su desarrollo gracias a los diversos factores: sociales, psicológicos y morales; de ahí la importancia de la educación en todos los niveles y por supuesto la educación religiosa, que supone una visión integral de la persona, ante todo que reafirme el valor de la persona y contribuya en el desarrollo de su potencial humano a nivel cognitivo, afectivo, social, profesional, ético y espiritual.
Entendiendo esto la educación religiosa no es opcional sino fundamental en el desarrollo de la misma persona y de su personalidad.
Aclarando esto, nos preguntamos ¿cuál es el impacto positivo de la educación religiosa en el desarrollo de la personalidad?.  Sin mayor pretensión  y solo con la intención de provocar la reflexión quiero responder a la pregunta presentando 10 ideas generales:
  1. Sentido de Trascendencia.
Este sentido de trascendencia nos hace percatarnos de que no somos omnipotentes, no somos “dioses” llenos de soberbia; es un reconocimiento humilde de nuestra condición terrenal que nos mueve a buscar respuestas mas allá de nosotros mismos; además, el deseo de plenitud, nos mueve a levantar la mirada hacia el cielo, pero sin dejar de poner los pies sobre la tierra. Esto nos hace ser religiosos: con sed de trascendencia, que se ve saciada con la “revelación” en es movimiento doble: vertical donde se da lo ascendente cuando el hombre busca a Dios y descendente cuando Dios sale primeramente al encuentro del hombre “revelándose”; es la vivencia de la Teofanía y epifanía; y horizontal, pues no vamos solo, caminamos con el otro, el hermano, el prójimo.
  1. Sentido de la vida.
El filósofo Aristóteles dijo que el hombre es como una flecha lanzada al aire: no sabe de donde viene ni a dónde va. La persona religiosa si conoce la respuesta sobre el sentido de la vida y de la existencia; este es el mayor impacto de la educación religiosa sobre todo ante la realidad de tantas personas viven en la incertidumbre y en el sin sentido de la vida.
  1. Nos da identidad.
La visión equivocada  que afirma  que “la persona vale no por lo que es, sino por lo que tiene”, ha llevado al deterioro de la propia identidad de tantas personas, que  se ven impulsadas a seguir estereotipos maquillados de personalidades ficticias por el materialismo. Una auténtica educación religiosa enseña la grandeza de la persona, como ser único e irrepetible, con un valor y dignidad absoluta.
  1. Nos lleva al encuentro del otro: alteridad.
Ante el individualismo, que nos encierra en nosotros mismos, y nos hace incapaces de ver al otro, el impacto de la educación religiosa nos lleva a descubrir nuestra alteridad, somos con el “otro”, no somos islas; si que poseemos una individualidad, pero que se ve enriquecida con el otro, es el sentido de “prójimo”; nos capacita a salir al encuentro del otro con generosidad y apertura,  forma en la solidaridad y sobre todo en el compromiso social; en el cuidado de la “casa común”.
  1. Nos da madurez.
La falta de madurez es causa de inestabilidad y frustración en la vida. La madurez humana nos ayuda a integrar todo nuestro ser, es lograr la coherencia entre lo que se es y lo que se profesa. Es un proceso en el que se cultivan los valores y las virtudes.
La madurez ayuda a integrar las fuerzas emotivas con la ayuda de la razón; también es alcanzar una recta conciencia, es potenciar la cualidades y virtudes de la persona. Además una persona madura sabe reconocer sus debilidades y aceptar sus errores, pero sobre todo corregirlos y de ellos sacar sus fuerzas.
  1. Armonía interior.
Ante lo ficticio, superfluo y desechable; ante lo caótico y vertiginoso de la vida, urge sintonizar y meter en armonía a la persona. Esta es la tarea e impacto de la educación religiosos que lleva a la vivencia de la armonía interior, es la integración de todas las cualidades, es desarrollar todo un compendio de valores, que hacen de esta tarea algo verdaderamente no solo artesanal, sino una auténtica obra de arte.
Intelecto, ideas, memoria, imaginación, voluntad, emociones, todas las facultades humanas y espirituales hay que ponerlas en armonía y proporción. Es la lucha por la coherencia de la persona, la integridad del ser humano.
  1. Humaniza.
El utilitarismo ve al ser humano como objeto y no como sujeto, llegando a decir “vales tanto cuanto me sirvas”; una educación religiosa que no tenga presente el valor y dignidad absoluta del ser humano, lleva a una deshumanización. Por tal  motivo el impacto mayor es precisamente humanizar; es reconocer la grandeza de la persona en medio de la creación, es reconocernos los unos y los otros, dejando a un lado las desigualdades, las clases sociales, las brechas entre ricos y pobres., las fronteras, los muros, las ideologías.
  1. Construye el carácter moral.
Ante la búsqueda del placer por el placer que promueve el hedonismo, lleva a la persona a no ser dueña de sí misma, llevándola a un libertinaje moral y  a vivir esclava de sus propias pasiones, urge la formación del carácter moral.
En este sentido otra de las tareas de la educación religiosa en el desarrollo de la personalidad es precisamente el formar el carácter de la persona, que la hace dueña de sí misma, que se gobierna ante sus pasiones, sentimientos e impulsos; construye la moralidad de la persona haciéndola más libre, conciente y mas responsable, de su propio actuar en todas sus dimensiones. 
  1. Forma la conciencia.
Es alarmante como el mal hoy es disfrazado de bien, y la mentira de verdad; el subjetivismo moral hacen del actuar del hombre algo relativo, en donde se ponen en entredicho los valores, el bien, lo que es justo, lo que es bueno, verdadero y correcto.
Ante esto la formación de la conciencia moral  que ofrece la educación religiosa ayuda al hombre al conocimiento de la verdad y a la vivencia de su libertad, que tiene como por objeto el bien en sí mismo y por tanto el alcance de la felicidad.
  1. Forma en el amor.
Todos tenemos necesidad profunda de amar y de ser amado: “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida carece de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y no lo hace suyo, si no participa de él vivamente” (Juan Pablo II, Redemptor hominis, nº 10).
San Agustín dirá: “El amor determina el peso de una persona” (Confesiones, cap. XIII, 10). El amor hace al hombre capaz de entrega, donación, sacrificio. Es parte constitutiva de la misma condición humana. Por eso en definitiva el impacto mayor de la educación religiosa es precisamente formar en el amor.
Conclusión
Con todo esto, sin lugar a dudas el desarrollo de la personalidad es un trabajo artesanal que requiere inteligencia, creatividad, sensibilidad, dignidad, pero ante todo un sentido profundo de lo religioso, que nos lleve a empeñarnos en poder ofrecer una educación religiosa desde la familia, escuela y sociedad.

sábado, 1 de octubre de 2016

“La importancia de la Oración”

1 de octubre de 2016, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.5


Muchos de nosotros aprendimos a amar a Dios desde pequeños, cuando nuestros padres nos enseñaron a hacer la señal de la cruz, a rezar el Padre Nuestro y el Ave María, a encomendarnos a nuestro Ángel de la Guarda; hoy esta tarea la hacen los abuelos, particularmente las abuelitas, y esto en el mejor de los casos, pues cada vez se van perdiendo estas prácticas en las familias.

En este tiempo en que celebramos el mes del rosario es una buena oportunidad para tomar conciencia sobre la importancia de la oración, tanto personal, familiar como comunitaria.

Orar es disponernos a entablar una buena comunicación con Dios, que bien sabemos que nos ama, que nos escucha, que está atento a lo que hay en nuestro corazón; de ahí la importancia de dedicar tiempo a este diálogo en el que la escucha es fundamental, sobre todo de la Palabra de Dios; implementar los rezos que hemos aprendido o podemos aprender, como el Santo Rosario, que es una oración muy familiar, no solo porque se puede hacer en familia, sino porque nos acerca a contemplar la vida misma de Jesús, de la mano de María; orar nos da la posibilidad de sentarnos a solas con Dios y poder entablar una charla, que no se reduce a un monólogo, en donde yo sólo le hablo, sino que permito que me hable en medio del silencio de mi corazón.

Si aprendemos a orar (comunicarnos) con quien no vemos, con mayor razón aprenderemos a comunicarnos con quien está a nuestro lado, sobre todo entre esposos, padres e hijos, entre hermanos y por supuesto de manera comunitaria. Queridas familias esforcémonos por darnos el tiempo de manera cotidiana a la oración

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora.

Voz del Párroco

jueves, 1 de septiembre de 2016

“Fiesta en Familia”

1 septiembre de 2016, San Francisquito, Qro.

La Voz del Párroco, Boletín Parroquial Missio, n.4


En este mes de septiembre celebramos nuestra fiesta patronal en honor a Nuestra Madre María, en su advocación de la Divina pastora. Además recordamos 230 años de la construcción del Templo.

Es una oportunidad para celebrar nuestra fe y seguir siendo piedras vivas en la construcción, no sólo de nuestra comunidad, sino que les invito a reconstruir el tejido social, fortaleciendo a nuestras familias.

Esta es la clave de nuestras fiestas: La alegría de nuestra fe, pero siempre en familia. Recordemos y vivamos nuestras tradiciones, que aumente nuestra fe y piedad, pero sobre todo, vivamos en familia este acontecimiento.

La “Parroquia es Casa de todos”. Cuidemos nuestra casa, empezando por nuestro barrio, en familia, teniéndolo limpio, adornando las calles, embelleciendo nuestra casa, donde papá y mamá reúnan a sus hijos, platiquen, se den tiempo para estar juntos, compartir la vida trabajando, orando, celebrando, sobre todo su amor a Dios, a María y a su hijo Jesucristo.

Que estas fiestas patronales en familia sean una oportunidad para seguir reconstruyendo el templo, no sólo material, sino sobre todo espiritual, en Familia.

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Párroco Divina Pastora

Voz del Párroco